A quién escuchamos?
(Juan 10:1-10 / 3 de mayo de 2020)

¿Ya estás harto de las noticias? Esa es una pregunta que podríamos hacer cualquier día del año, pero quizás especialmente durante esta época de COVID-19. No veo muchas noticias en la televisión, pero sí leo mi parte en los periódicos y en Internet. ¿Soy yo o parece que todas las historias son sobre el coronavirus y qué debemos o no debemos hacer como resultado?

Entiendo por qué está atrayendo tanta atención. Pero es increíble para mí el que tantos expertos pueden hablar sobre el tema y llegar a muy diferentes conclusiones.

Y mientras reflexiono sobre estas cosas (como tiendo a hacer), el pensamiento entra en mi mente: "Sabes, apuesto a que esto es lo que la gente piensa cuando se trata de la religión y la iglesia". ¿Cómo se sabe a quién escuchar? Hay tantas denominaciones diferentes. Hay tantos “expertos” diferentes. Y parece que todos llegan a muy diferentes conclusiones. Entonces, ¿cómo se sabe a quién escuchar?

Bueno, ustedes ya ven cuán oportuna y relevante es la Biblia. Cualquiera que diga que la Biblia es irrelevante nunca la ha leído, o al menos, no ha entendido lo que ha leído. Jesús, en su discurso sobre el Buen Pastor, se dirige a está más relevante pregunta: cuando se trata de nuestras creencias, ¿a quién debemos escuchar?

En los días de Jesús, la respuesta era: "A los líderes religiosos, es decir, a los fariseos y los maestros de la ley". En los días de Martín Lutero, la respuesta era esencialmente la misma: "Se debe escuchar a los expertos", que en ese momento eran los obispos y sacerdotes de la Iglesia Católica Romana.

Entonces, ¿qué hay de hoy? Cuando se trata de lo que creemos acerca de Dios, ¿debemos nada más escuchar a nuestros pastores? Y si es así, ¿a cuáles? Porque háganse cuenta de que hay muchos pastores diferentes, y no todos dicen lo mismo.

La respuesta de Jesús en Juan capítulo 10 es directa. “Debemos escuchar al Buen Pastor, que es, el mismo Jesús. Él es el Buen Pastor y sus ovejas reconocen su voz. De hecho, así es como uno puede distinguir una oveja que es parte del rebaño de Jesús de una que no es parte de su rebaño. Jesús dice: " Mis ovejas oyen mi voz" (Juan 10:27).

Ahora, tengan en cuenta que el título "pastor" es latín para el que cuida de las ovejas. La razón por la que llamamos pastores a los líderes de la iglesia es por la relación “pastor-oveja” que impregna toda la Biblia. De todas las imágenes que Dios usa para ayudarnos a comprender la naturaleza de nuestra relación con él, la imagen de un pastor cuidando a sus ovejas es la más destacada.

Y Jesús es el Buen Pastor. Todos los demás pastores son simplemente "pastores auxiliares". Se llaman así porque están bajo la autoridad y la enseñanza del Pastor Principal, que es Jesús.

Entonces, entiende que hay una jerarquía dentro de la iglesia de Dios, pero no es entre los hombres. Es entre Dios y los hombres. Existe el Pastor Principal, y los pastores que son bajo él (los pastores humanos). El pastor humano es solo un sirviente. No habla por sí solo, no tiene autoridad para gobernar solo. Él simplemente comunica las palabras, deseos y promesas del Buen Pastor, Jesús.

Entonces, está el Buen Pastor, y hay buenos pastores humanos. De la misma manera en que hay malos pastores humanos. Jesús se refiere a los malos pastores como "ladrones y bandidos" (v. 1). Él dice que las verdaderas ovejas de Dios los reconocerán como "desconocidos" y huirán de ellos. Es por eso que los fariseos se enfurecieron tanto con Jesús, porque sabían que estaba hablando de ellos.

Te ayudará a leer el capítulo 9 de Juan antes de leer el capítulo 10. En el capítulo 9 de Juan, Jesús sana a un hombre que nació ciego. Los fariseos se niegan a aceptar el testimonio del hombre de que Jesús es quien lo curó. Ellos razonan que, si en verdad lo curó, fue por el poder del diablo, y por lo tanto que nadie lo siguiera. Cualquiera que lo haga será expulsado del templo. Y así, expulsan al hombre a quien Jesús había sanado.

¿Tenían razón en hacer eso los fariseos? ¿Era Jesús realmente un "pecador" como los fariseos lo habían etiquetado? O sea, si tú fueras un judío que vivía en los días de Jesús, habrías tenido que abordar esta pregunta en tu mente, porque había muchos que decían una cosa sobre Jesús mientras que, al mismo tiempo, muchos que decían algo más. Entonces, “¿a quién debemos escuchar? “Bueno, yo creo en Dios” el judío común habría confesado, “pero ¿cómo lo sé a cuál maestro debo seguir?”

Jesús dice: “La forma en que sabes quién es el pastor verdadero (y, por lo tanto, al que debes escuchar), es por la forma en que esta figura obtiene acceso a las ovejas. Es por la forma en que se relaciona con las ovejas y las entra y saca del redil, es decir, la comunidad de Dios. Él usa la puerta.”

Ahora, no sé qué imagen aparece en tu mente cuando piensas en un corral de ovejas. Pero en el antiguo Israel, el corral de ovejas era un área circular amurallada, y solo había una entrada: la puerta. El verdadero pastor, obviamente, tenía libre acceso para entrar y salir de la puerta. El portero lo dejaba entrar porque sabía que él era el verdadero pastor, y que el rebaño era suyo. Las ovejas mismas lo conocían como el verdadero pastor porque reconocían su voz, y así cuando los llamaba, lo seguían.

Ahora bien, piensen ustedes en un desconocido. No pasa por la puerta para acceder al rebaño porque sabe que el portero no lo dejará entrar. No es el verdadero pastor. Entonces, tiene que colarse para entrar. Tiene que trepar por la pared si va a tener acceso a las ovejas. Lo que significa que no está haciendo nada bueno.

Es por eso que Jesús se refiere al falso pastor como ladrón y bandido. No son sus ovejas, y el hecho de que tenga que trepar de otra manera es prueba de que no está haciendo nada bueno. Entonces, ¿cuál pastor pasa por la puerta? ¡Así es como lo reconocerás! Y a éste es quién tú, yo y todas las ovejas de Dios debemos seguir.

Entonces, la puerta es la prueba de fuego. La puerta es lo que determina quién es un verdadero pastor de Dios (o sea, un buen pastor), pero también determina quién es una verdadera oveja (o sea, un cristiano). En ambos casos las verdaderas ovejas y el pastor son reconocidos por el uso de la puerta.

Aquí está el punto principal: Jesús dice: "Yo soy la puerta" (v. 9). ¿Lo captaste? Él dice: "YO SOY la puerta". Creo que fue hace cinco domingos cuando nos estudiamos Juan capítulo 11 con la resurrección de Lázaro. Ante eso, Jesús declaró a Marta: “Yo soy la resurrección y la vida (Juan 11:25). Dijimos que Jesús a propósito utiliza la frase “YO SOY” para equipararse con Dios porque ese es el nombre que Dios le dio a Moisés en la zarza ardiente.

También dijimos que Juan incluye en su Evangelio las siete declaraciones de "YO SOY" que Jesús hizo, porque su propósito para escribir fue mostrar que Jesús es Dios verdadero. Él es Dios encarnado. Y aquí Jesús dice: "Yo soy la puerta".

Solo hay una entrada al reino de Dios, es decir, al redil de Dios. Es a través de Jesús. Si alguna vez vamos a ser contados entre las ovejas de Dios en el cielo, solo puede ser a través de Jesús. Porque Jesús es el Mesías enviado del cielo que quita el pecado del mundo.

O sea, no puedes entrar al cielo si estás sucio con el pecado. De la misma manera, no puedes ingresar a un banquete real con ropa sucia. Debes estar limpio. Jesús es quien nos limpia con su sangre. Cuando pasamos por la puerta que es Jesús, él perdona todos nuestros pecados, y Dios ya no los recuerda (Hebreos 8:12).

Que es precisamente lo que rechazaron los fariseos. Rechazaron que Jesús era el Salvador. Y es asimismo lo que tantos pastores falsos rechazan hoy. Dicen que la salvación es el resultado de lo que uno hace en lugar de ser el producto de lo que Jesús ha hecho. Dicen que hay muchos caminos al cielo. Dicen que hay muchas puertas que dan entrada al corral de ovejas de Dios.

Excepto que eso no es lo que Jesús dice aquí. Él dice: "Yo soy la puerta de las ovejas" (v. 7). Observen la exclusividad de esa declaración. Solo hay una puerta. En otra ocasión, Jesús enseñó: "Pero estrecha es la puerta y angosto el camino que conduce a la vida, y son pocos los que la encuentran." (Mateo 7:14). Entonces, entren, dice Jesús, “Entren por la puerta estrecha” (Mateo 7:13).

¿Cómo? Por la fe. Cuando creemos que Jesús es el único punto de acceso al reino de Dios, se abre la puerta, y podemos entrar directamente. Y, si por la gracia de Dios, entramos en contacto con un pastor humano, que también enseña que Jesús es el único punto de acceso en el reino de Dios, queremos escucharlo. Porque reconocemos que su voz suena terriblemente similar a la voz del Buen Pastor Jesús. Y las ovejas de Cristo reconocen su voz.

Lo que nos lleva a un círculo completo de lo que aprendimos el domingo pasado (y con esto cierro).

En el camino a Emaús, Jesús reprendió a sus discípulos por ser lentos de corazón para creer y saber todo lo que se decía sobre él en las Sagradas Escrituras. Nadie puede aprender tu Biblia por ti. Tú eres responsable de tu propio aprendizaje, y si eres padre, eres responsable de él de sus hijos. La voz de Jesús en las Escrituras es clara como el cristal. Si dices: "¿Pero a quién debo escuchar cuando se trata de las cosas de Dios?”, la respuesta es, “A Jesús.”

Si sabes lo que Jesús dice en su Palabra, será muy fácil saber cuáles pastores humanos a seguir. No tendrás confusión. Por el contrario, habrá una gran cantidad de pasto para que su alma pueda pastar. Y disfrutarás de la vida en su máxima expresión, no solo como miembro del rebaño de Dios aquí en la tierra, sino en última instancia en los pastos eternos del cielo. Amén.