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¿Sabían que este es el único milagro de Jesús que está registrado en los cuatro evangelios? Cada vez que algo se repite en la Biblia, es una señal de que Dios lo está enfatizando para nosotros. Obviamente todo lo que Dios dice en la Biblia es importante, pero la muerte de Jesús, por ejemplo, su resurrección, su encarnación y nacimiento, todo esto se registra múltiples veces para que lo principal de la Biblia es lo más obvio, y para que el lector no se pierda lo que Dios quiere que vea.

Yo no diría que la alimentación de los cinco mil está al mismo nivel que el nacimiento, muerte y resurrección de Jesús en términos de importancia, pero es interesante que Marcos y Juan ni siquiera registran el nacimiento de Jesús. Sin embargo, se toman el tiempo para registrar esta tarde en particular en la vida de Jesús. No vamos a leer mucho en esa declaración, pero vamos a dar a la alimentación de los cinco mil la atención que merece. Claramente, el Espíritu Santo quiere que lo hagamos.

Ahora bien. Seguramente, una razón por la que Dios eligió destacar este episodio en la vida de Jesús es porque trata de nuestras dos principales preocupaciones como humanos: la supervivencia y la comodidad. La comida es necesaria para la supervivencia y estar sin ella durante mucho tiempo nos hace sentir incómodos. Y podríamos decir que la comida aquí, aunque es comida real que Jesús proporciona en este milagro, es representativa de toda nuestra vida física. Nuestra supervivencia física y la comodidad son las dos cosas en nuestras mentes en un momento dado. No es que estemos pensando conscientemente en cómo vamos a encontrar comida. Pero nuestro interminable enfoque está en cómo obtener esto, aquello o lo otro para sobrevivir y prosperar aquí en la Tierra.

Para algunos en este mundo, la supervivencia está en el centro de su mente. Para otros, especialmente en el mundo occidental, el tema de la supervivencia ya ha sido abordado, y por lo tanto el enfoque está en prosperar. Queremos estar llenos, no vacíos. Buscamos la abundancia y no la escasez.

Jesús nos está enseñando muchas cosas a través de este milagro: que es el Hijo de Dios, que provee nuestras necesidades diarias, que tiene compasión de nosotros como personas, etc. Pero quiero ver este milagro desde una altura mayor, por así decirlo. Quiero que entendamos una gran enseñanza de la Biblia que este milagro subraya: que los humanos tienen límites y por lo tanto tienden a ver sólo sus problemas. Dios, sin embargo, no tiene límites y siempre ve posibilidades.

Ahora bien, eso puede sonar como psicología positiva, pero les aseguro que no lo es. Jesús no nos está diciendo que miremos el lado bueno de la vida y pensemos en un futuro mejor. Está señalando lo contrario. Está diciendo, "Como humanos, hay muchas cosas en la vida que no ustedes no pueden resolver. Y la razón de ello es porque son humanos. Ustedes tienen límites".

Entonces, veamos el problema que enfrentan los discípulos en nuestro texto de hoy. Es muy sencillo. La multitud necesita comer, pero está en un área en la que no hay acceso a la comida. Ese es el problema. Ni siquiera es el mayor problema que la gente podría tener. No es como si fueran a morir de hambre.

Pero la mayoría de nuestros problemas son así en la vida; no son amenazantes para la vida - la gente podría haber regresado a casa con el estómago vacío. Sin embargo, Jesús usa este problema para abrir los ojos de sus discípulos a las infinitas posibilidades que existen dondequiera que Dios esté presente. Por otro lado, dondequiera que Dios no esté presente, las posibilidades disminuyen drásticamente. Por lo tanto, donde Dios NO esté presente en tu vida, tenderás a ver sólo problemas. Porque la vida está llena de problemas.

El verdadero problema en este texto no era la falta de comida. De la misma manera que el verdadero problema en tu vida no es lo que te tiene preocupado y estresado en este momento. El verdadero problema es ir por la vida con una pequeña comprensión y confianza en Dios. No se equivoquen. El verdadero problema es siempre la falta de fe. No es tu circunstancia. No es la gente que te rodea. ¡Eres tú el problema! El verdadero enigma no es si soy capaz de arreglar esto o aquello, sino si puedo arreglarme a mí mismo. Lo que la Biblia deja muy claro: "No, no lo puedes".

Fíjense en cómo Jesús aprovecha esta ocasión para inculcar esto a sus discípulos. Los discípulos dicen, "Este es un lugar apartado, y ya se hace tarde. Despide a la gente, para que vayan a los pueblos y se compren algo de comer." Jesús les responde: "No tienen que irse. Denles ustedes mismos de comer". Los discípulos objetan: "No tenemos aquí más que cinco panes y dos pecados". "¡No podemos darles de comer!". Jesús dice: "Tráiganmelos acá". "¡Yo sí puedo!"

¡Qué discurso tan iluminador! De hecho, toda la vida puede resumirse en esta breve interacción entre Jesús y sus discípulos. "¿Tienes un problema?”, dice Dios. “Ve a arreglarlo." "Sí tengo un problema, pero no puedo arreglarlo". "Sí, es cierto, tienes un problema”, dice Dios, “Tráemelo acá".

¿Cobra a los discípulos o a la gente por su ayuda? ¿Despide a la multitud después diciendo? "Ahora ¡recuerden! Hice esto por ustedes, así que ¡hagan esto por mí!" ¿Los pone a prueba primero para ver si son dignos de su ayuda? No. Sólo los invita a que le traigan el problema gratuitamente. Está enseñando a sus discípulos: "Ustedes no pueden, pero yo sí". Esta es la mayor lección que podemos aprender en la vida.

Porque creemos que siempre lo podemos. Y la mayoría de las veces, pensamos que lo podemos sin Dios. Recurrimos a la psicología secular y humanista para arreglar nuestro matrimonio. Recurrimos al gobierno o a nuestro empleo para que nos den el pan de cada día. ¿Damos gracias al gobierno o a nuestros jefes antes de comer? ¡Claro que no! ¿Damos gracias a Dios antes de comer? Bueno, no contestes eso en voz alta. Podría ser vergonzoso para ti.

Decimos: "Necesito descansar. Mi problema es que he estado trabajando demasiado, así que necesito tomarme un tiempo para mí". Jesús responde: "Ese descanso no se puede comparar con el descanso que yo puedo darte. ¿Por qué no te tomas un tiempo para mí el domingo por la mañana? ¿Por qué no me traes tu problema y te sorprendes de todo lo que puedo hacer por ti?"

Les diré por qué no lo hacemos; es porque no lo creemos. Simple y llanamente. Y ese es el mayor problema. Así que a veces Jesús nos presenta un problema tan vasto y tan grande que nos vemos forzados a darnos cuenta, "Esto es demasiado grande para mí. Esto es demasiado grande para cualquier otra persona". Y como los discípulos, llevamos nuestro problema a Dios con cierto escepticismo. No tenemos ni idea de lo que va a hacer con él. Y entonces Él hace algo más grande, y más espectacular de lo que podríamos haber imaginado. Convierte la escasez del problema en una bendición abundante.

¿Pueden imaginar la mirada atónita en las caras de los discípulos cuando vieron el milagro y repartieron la comida a la gente? No es que Jesús arreglara el problema con un bocadillo. Lo hizo a nivel de Rey de reyes, Señor de señores y Creador del universo.

Ahora bien, esto es la razón de porqué el apóstol Pablo puede decir con confianza a los cristianos romanos, "Sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman, los que han sido llamados de acuerdo con su propósito” (Romanos 8:28). "Dispone todas las cosas".

Piensen en José del libro del Génesis, y en los problemas que tuvo. Primero de sus hermanos cuando lo vendieron como esclavo. Luego de la esposa de Potifar cuando su mentira lo metió al calabozo. Si hubo alguna vez una persona que podría haber estado justificada en sólo ver los problemas de la vida, fue José. Sin embargo, Dios estaba en proceso de crear tan grandes posibilidades para José que nadie hubiera podido imaginar.

Sólo más tarde en su vida Joseph lo entendió. Les dijo a sus hermanos: —Yo soy José, el hermano de ustedes, a quien vendieron a Egipto. 5 Pero ahora, por favor no se aflijan más ni se reprochen el haberme vendido, pues en realidad fue Dios quien me mandó delante de ustedes para salvar vidas. 6 Desde hace dos años la región está sufriendo de hambre, y todavía faltan cinco años más en que no habrá siembras ni cosechas. 7 Por eso Dios me envió delante de ustedes: para salvarles la vida de manera extraordinaria y de ese modo asegurarles descendencia sobre la tierra. 8 Fue Dios quien me envió aquí, y no ustedes. Él me ha puesto como asesor del faraón y administrador de su casa, y como gobernador de todo Egipto. (Génesis 45:4-8).

Segundo en el mando del Faraón. A la edad de 30 años controlando uno de los mayores imperios que el mundo ha conocido. ¡Pero mira cómo lo hizo Dios! A través de problemas que en ese momento sólo José podía ver, pero mientras tanto Dios veía las posibilidades.

Así también, contigo. No pienses que te vas a convertir en millonario, en el vicepresidente de los Estados Unidos, o en el beneficiario de algún otro ascenso mundano a la fama. Tu historia no es la historia de José. Tampoco pienses que cuando abras tu refrigerador esta tarde, que estará repleto de los mejores alimentos. Eso es poca cosa para Dios.

Lo que ha preparado para ti es tan asombroso y más allá de la imaginación que tú y yo somos incapaces de imaginarlo, incluso si lo intentamos. ¡Vamos al cielo! Y aunque el cielo no se encuentra en esta tierra, no obstante, creemos que es real. Y que sigue nuestra vida en la tierra. Así que podemos estar seguros de que es nuestro.

¿Qué hacer entonces mientras estamos en la tierra? Llevar sus problemas a Dios. Lleva tus pecados a Dios. Piensa en esto: fuera del mayor problema -el castigo de la muerte por nuestro pecado- Dios usó la muerte de su Hijo Jesús, y previó esa gran posibilidad. Su muerte en lugar de nuestra muerte. Su castigo para pagar por nuestro pecado. Su resurrección, volviendo las tornas al diablo y superando la muerte para todos. Así que los problemas no son el asunto. Dios es el asunto principal de la vida. "Tráiganmelos aquí", dice Jesús. Dios siempre es el asunto principal.

Así que, vayan a Jesús, y sigan yendo a Jesús. Sin Él sólo hay problemas. Con Él hay posibilidades eternas. Amén.