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Juan 15:9-17

No tiene sentido empezar una carrera si no la vas a terminar. Recuerdo haber corrido en la universidad. No era parte del equipo atlético, pero el equipo no tenía suficientes miembros para calificar para cierta competencia. Alguien había oído que yo había corrido en competencias en el high school. Es cierto. Lo hice en mi segundo año. Pero ahora estaba en la universidad, y no había corrido larga distancia desde entonces. Pero me convencieron y dije que sí.

Justo antes de la carrera, el capitán del equipo nos dio un discurso entusiasta de correr rápido y no rendirnos. Hacia la mitad de la carrera, recuerdo que lo vi delante de mí. Se detuvo. Se puso las manos en las rodillas. Tosió. Y luego procedió a salirse del recorrido. O sea, no tiene sentido empezar una carrera si no la vas a terminar.

Jesús está hablando a sus discípulos al final de su ministerio terrenal. Pronto los dejará. Les asegura que no les abandonará. Como las ramas están unidos a la vid, así los discípulos estaban y estarían unidos a Jesús. Por eso dice en el versículo 9: “Permanezcan en mi amor.” »Así como el Padre me ha amado a mí, también yo los he amado a ustedes. Permanezcan en mi amor.

Luego pasa a decirles cómo pueden permanecer en su amor. "Si obedecen mis mandamientos, permanecerán en mi amor, así como yo he obedecido los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor” (v. 10).

Fíjense que es una promesa. Pero es una promesa que depende de una condición. "Si obedecen mis mandatos permanecerán en mi amor..."

Jesús no está enseñando aquí la salvación por obras. No está diciendo, "Si obedecen mis mandamientos se salvarán". Ellos ya estaban salvados. En el versículo 3 del capítulo 15, Jesús dijo: "Ya están limpios por la palabra que les he hablado." No. Jesús pone una condición a esta promesa no porque no les haya dado ya la vida eterna, sino para que sepan cómo NO perder su vida eterna. Porque tenemos el tremendo poder de botar los buenos regalos de Dios.

¿Has conocido a alguien así? ¿Lo tiene todo y lo bota? ¿Crees que eres capaz de botarlo todo?

O sea, la enseñanza de la Biblia es que estamos muertos separados de Cristo. Cristo es la vid. Él da vida a las ramas. Toda la fuerza y el poder que tienen las ramas vienen de la vid. La fuerza y el poder para creer en Jesús y hacer su voluntad (es decir, producir fruto), viene de Jesús y no de nosotros mismos.
Pero tú y yo tenemos la tremenda capacidad de NO hacer su voluntad, de NO hacer lo que nos manda. Tenemos un viejo Adán. Eso es lo que el cristiano tiende a olvidar. A los cristianos les gusta pensar que una vez que son salvados, ya son buenos. No. Eres tú perdonado, pero no toda tu persona es buena. Sé sincero contigo mismo. No eres del todo bueno. El único que es bueno es Dios. Él es la vid. Nosotros somos las ramas. Y por eso queremos permanecer en él, porque es la fuente de la vida misma.

¿Pero cómo? Bueno, Jesús nos dice: por cumplir sus mandatos. Entonces, tenemos que preguntarnos: "¿Cuáles son los mandatos de Jesús?"

Podríamos pensar que se refiere a los Diez Mandamientos, pero no es eso a lo que se refiere Jesús. Sus mandatos no excluyen los Diez Mandamientos, sino que, al llamarlos sus mandatos, se refiere a las directrices que dio a sus discípulos durante su ministerio terrenal mientras estaba con ellos. En otras palabras, las cosas que les dijo que hicieran como sus discípulos.

¿Y cuáles son esas cosas? Bueno, para empezar, creer en él. ¿Correcto? Eso es un mandato. Escuchar su voz como las ovejas escuchan la voz de su pastor. Eso es un mandato. Bautizarse. Tomar, comer y beber el cuerpo y la sangre de Cristo en la Santa Cena para el perdón de los pecados.

Esto es lo que Jesús dijo a sus discípulos que hicieran. Porque si el pecado es lo que nos separa de él, el perdón es lo que nos mantiene unidos a él. Por eso, nos dice: "Permanezcan en mí siguiendo las cosas que les he dicho, porque así recibirán el perdón de los pecados. Ya los he perdonado. No dejen nunca de creerlo."

¿Por qué no? Para que vayamos al cielo, sí. Pero va más allá. Jesús dice: "Les he dicho esto para que tengan mi alegría y así su alegría sea completa” (v. 11).

Ese es el subproducto de permanecer unidos a Jesús. La alegría. Pero no sólo una alegría terrenal. Incluso los incrédulos tienen alegría terrenal. La alegría de un amor romántico. La alegría del nacimiento de un hijo. La alegría de Cristo va más allá de todo eso. De hecho, Jesús se refiere a ella como "mi alegría". Es una alegría salvadora. Es la alegría del Pastor que va en busca de la única oveja perdida, dejando atrás a las noventa y nueve, y luego la encuentra. Esta es la alegría del Padre que perdió a su hijo pródigo por el pecado y la tentación, y luego se reúne con él.

Recuerden la cita de Charles Spurgeon que leí el domingo pasado. "Si yo fuera totalmente egoísta y no me importara nada más que mi propia felicidad, elegiría si pudiera bajo Dios ser un ganador de almas. Porque nunca conocí una felicidad perfecta, desbordante e inefable del orden más puro y ennoblecedor hasta que oí por primera vez a alguien que había buscado y encontrado al Salvador por mis medios. Ninguna madre joven se alegró tanto por su primogénito. Ningún guerrero se sintió tan exultante por una victoria duramente ganada".

O sea, hay una diferencia entre el amor de Cristo por los humanos y el amor que los humanos se tienen entre sí. Los dos son totalmente diferentes. Los humanos pecadores pueden amar, pero sólo con un amor mundano. Y como es sólo un amor mundano, la alegría que surge de él es sólo una alegría mundana. Pero todo lo que hay en este mundo acaba por extinguirse y terminar. Cristo aquí habla de su amor que nunca terminará. Ni siquiera la muerte puede acabar con su amor por ti. Ni siquiera el pecado. Porque él perdona el pecado. Y la alegría que resulta de esto es la alegría más plena que jamás se pueda experimentar. Es la alegría de Dios mismo. Es la alegría que se produce cuando el pecador vuelve a Dios.

Ahora, aquí está la clave de este texto. Jesús dice: "Y este es mi mandamiento: que se amen los unos a los otros, como yo los he amado" (v. 12). ¿Cómo te ha amado Jesús? Con un amor salvador. Luego continúa con un ejemplo de su amor salvador. Dice: “Nadie tiene amor más grande que el dar la vida por sus amigos." (v. 13).

Este es el amor de Cristo. Y su mandato es que nos amemos unos a otros de esta manera: que el pensamiento más importante en nuestra mente sea que los hermanos y hermanas entre nosotros se salven, y que permanezcan salvados.

¿Es ese el pensamiento más importante de esta congregación? ¿Que los hermanos y hermanas que una vez estuvieron aquí y confesaron a Cristo, todavía permanecen en él como una rama a su vid? Entonces, ¿dónde están todos ellos? Porque hay muchos que una vez vinieron que ya no vienen.

No tengo forma de saber si su fe permanece intacta, pero sí sé que la forma en que la fe permanece intacta es siguiendo las directrices de Jesús. "¡Sígueme!" dice Jesús. "No te alejes de mí. Ven a mí". ¿Cómo venimos a Jesús? Venimos a sus palabras y promesas, porque eso es lo que nos dejó. Sus palabras son espíritu y son vida.

De la cuna a la tumba. Esta es nuestra mayor preocupación en esta congregación. Que los creyentes que comienzan su relación con Jesús aquí permanezcan en su relación con Jesús aquí. Por lo tanto, es probable que tengamos que volver a poner en marcha una Escuela Dominical. Eso es solo un ejemplo. Usted dice: "Bueno, no hay niños". Bueno, los hay entre los hermanos y hermanas hispanos. Y todos hablan inglés. ¿No somos una congregación unida aquí? ¿No es también importante su madurez como ramas jóvenes?

No estoy diciendo que nadie aquí piense que no es importante. Pero estos son los tipos de cosas que queremos mantener en la vanguardia de nuestras mentes. Porque estos son los tipos de cosas que están en el primer plano de la mente de Jesús. Y estos son los temas que pesan en su corazón. Recordemos su mandato: "Ámense los unos a los otros como yo los he amado". Es un amor que salva. Es un amor que busca salvar a los perdidos.

¿Podemos amarnos así aquí en Emanuel? No sólo como conocidos, sino como amigos. Jesús continúa diciendo: "Ustedes son mis amigos si hacen lo que yo les mando. 15 Ya no los llamo siervos, porque el siervo no está al tanto de lo que hace su amo; los he llamado amigos, porque todo lo que a mi Padre le oí decir se lo he dado a conocer a ustedes." (vv. 14,15).

Ahora, vayan y reflexionen sobre eso durante un breve tiempo esta tarde y vean si alguna vez llegan al final. Jesús nos llama amigos. No, aún más sorprendente, ¡te llama amigo! No somos sus iguales. Pero se rebaja a nuestro nivel, y se complace estar con nosotros. Se complace de verdad en la conversación mutua. Nosotros le hablamos en la oración. Él nos habla en su palabra. No nos oculta nada. No hay distancia como cuando el siervo sabe externamente lo que hace su amo, pero no entiende el "¿por qué?" interno. No, nosotros sabemos por qué Jesús dio su vida por sus amigos. Él los ama.

Amados, amemos a todas y cada una de las personas de esta congregación con el mismo tipo de amor salvador. ¿Hasta dónde llegaremos para que nuestros hermanos permanezcan en ese amor salvador? ¿Los llamaremos por teléfono si no los hemos visto en mucho tiempo? ¿Les enviaremos un mensaje de texto para decirles: "Hola, ¿cómo va todo"? ¿Les serviremos participando en alguna capacidad dentro de la congregación para que el trabajo de la iglesia pueda realizarse? ¿Estamos dispuestos a sentirnos incómodos por el bien del Evangelio?

13 Nadie tiene amor más grande que el dar la vida por sus amigos. 14 Ustedes son mis amigos si hacen lo que yo les mando. Esto es lo que os mando: Amaos los unos a los otros … 17 Este es mi mandamiento: que se amen los unos a los otros (Juan 15:13,14,17).

Amén.