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Marcos 1:29-39

Como no tuvimos el culto dominical la semana pasada debido a la nieve, si viste el video, recordarás que Jesús expulsó un espíritu maligno mientras estaba en la sinagoga de Capernaúm. La lección que aprendimos fue que Jesús es el que expulsa al diablo de entre nosotros. De hecho, para eso vino Jesús: para destruir las obras del diablo.

Cuando leemos los Evangelios, lo que descubrimos es que inmediatamente después de que Jesús comienza su ministerio público, el diablo interviene para obstaculizar su trabajo. Y lo que también notarás al seguir a Jesús y tomarlo en serio, es que el diablo también intentará obstaculizar la obra de Jesús en tu vida. Porque de la misma manera que Jesús actuó en la vida de la gente de Capernaúm, también está actuando en tu propia vida hoy.

Eso no significa que debamos tener miedo de la posesión demoníaca, pero tampoco queremos descartar al diablo como una figura mitológica. El diablo es mucho más real de lo que crees. Y si Jesús está trabajando en tu vida, puedes estar seguro de que el diablo también está trabajando en tu vida. ¿Cómo es eso? Pues, hoy veremos que nos dificulta enormemente el seguimiento de Jesús enviándonos un problema tras otro, obstáculos cuya intención es mantenernos alejados de Jesús.

Consideremos, por ejemplo, todos los problemas humanos que están presentes en este pequeño texto de la Escritura. Parece que todo el mundo en Capernaúm tiene algún tipo de problema. Incluso la suegra de Pedro está enferma de fiebre, por lo que no puede escuchar la Palabra de Dios ni servir a su invitado Jesús. Marcos escribe:

29) Tan pronto como salieron de la sinagoga, Jesús fue con Jacobo y Juan a casa de Simón y Andrés. 30) La suegra de Simón estaba en cama con fiebre, y en seguida se lo dijeron a Jesús. 31) Él se le acercó, la tomó de la mano y la ayudó a levantarse. Entonces se le quitó la fiebre y se puso a servirles.

32) Al atardecer, cuando ya se ponía el sol, la gente le llevó a Jesús todos los enfermos y endemoniados, 33) de manera que la población entera se estaba congregando a la puerta. 34) Jesús sanó a muchos que padecían de diversas enfermedades. También expulsó a muchos demonios, pero no los dejaba hablar porque sabían quién era él.

¡Uf! Parece que todo el mundo tiene algún problema que le dificulta seguir a Jesús. Está la fiebre de la suegra de Simón (pensamos en COVID). Hay "diversas enfermedades" según Marcos. "…la población entera se estaba congregando a la puerta". No era un pueblo tan grande como Waukegan, pero el punto es que todos tienen algo. Todo el mundo tiene problemas—por el diseño del diablo. Él quiere que quitemos nuestros ojos de Jesús, así que nos pega con problemas.

Hay problemas financieros. Hay enfermedades mentales. Eso es real a propósito. Hay problemas en las relaciones. Y uno de los mayores problemas en el mundo de hoy es la falta de relaciones satisfactorias y significativas. La gente se aburre mucho. La gente está vacía por dentro. Entonces, uno pensaría que iríamos a Jesús. Pero los problemas no funcionan así. El punto de que el diablo nos dé el problema es que él sabe que nuestras mentes se fijarán en el problema. No en Jesús. Miramos el problema. Luego nos miramos a nosotros mismos. Y entonces levantamos las manos en desesperación.

El propósito de estos versículos de Marcos es presentar a Jesús como el Salvador de los problemas de la vida, para que, en lugar de excluirlo de nuestros problemas, acudamos a él en busca de ayuda. Eso es lo que hace la gente aquí. ¿Y por qué lo hacen? ¿Por qué no acuden al rabino local? ¿Por qué no ignoran a Jesús y se quedan en casa revolcándose en su miseria? Porque debido a lo que Jesús hizo por el hombre poseído por el demonio en la sinagoga, estaban convencidos de que Jesús puede ayudar. Y cuando tú estés convencido de que Jesús puede ayudar, también acudirás a él.

¿Y por qué Jesús? Porque en todo lo que leemos sobre él en la Biblia está muy claro que Jesús es Dios. Recuerden que el principal objetivo de Marcos al escribir su evangelio es presentar a Jesucristo, el Hijo de Dios (1:1). Y eso es exactamente lo que hace aquí. Fíjense en cómo Jesús, como el Hijo de Dios, pasa su tiempo sirviendo a la gente. Les sirve de buena gana. No les obliga a pagar. No les requiere primero comprobar su amor para con él para que les ayude. Simplemente les ayuda. Tampoco pide ninguna recompensa o alabanza. Simplemente les ayuda porque es un Dios de compasión y misericordia.

Ahora bien, dos de los puntos que tenemos que conectar cada vez que leemos nuestra Biblia, es que la forma en que Dios trata con la gente en la Biblia es la forma en que trata con la gente de todos los tiempos. El punto de la resurrección es que Jesús no es un Dios muerto, sino un Dios vivo. Y así, de la misma manera que estuvo activo rescatando a la gente mientras vivía en la tierra, ¡también está activo hoy rescatando a la gente en toda la tierra!

¿Exige algo de nosotros de antemano para ayudarnos? No. ¿Espera que le paguemos? No. No pone condiciones a su ayuda. Lo único que hace es invitarnos a acudir a él con fe. Nos invita a pensar en él en el momento de la angustia, porque sabe que es capaz de ayudar, y porque se preocupa por nosotros.

¿Crees que Jesús se preocupa por tus problemas? Pues a él le importaban los problemas de la gente. No eran demasiado insignificantes para él. Entonces, ¿por qué serían tus problemas demasiado insignificantes para él? ¿O es que no confías en él? ¿O es que no piensas en él cuando las cosas se ponen difíciles? No piensas en él porque estás demasiado centrada en tu problema y en lo que crees que TÚ tienes que hacer para resolverlo. Hasta que te das cuenta de que no puedes resolverlo. Es demasiado grande para ti. Está más allá de tu control. Así que finalmente te rindes y te desesperas.

Bueno, no te sientas tan mal si has llegado a ese punto en tu vida. Porque es sólo cuando finalmente nos desesperamos de nosotros mismos, que intentaremos cualquier cosa, y he aquí que "cualquier cosa" es lo mejor; es Jesús.

Como ven, porque somos tan autosuficientes y porque estamos tan pecaminosamente seguros de nosotros mismos, Dios permite que el diablo envíe problemas a nuestras vidas. Él permite que el diablo ponga obstáculos ante nosotros. Usted dice, “eso no tiene sentido.” Sí, lo tiene. Porque si no hubiera problemas, o si sólo hubiera obstáculos menores, nunca tendríamos la necesidad de acudir a Jesús porque pensaríamos que lo estamos haciendo bien por nosotros mismos. Y tal vez lo estaríamos haciendo bien por nuestra cuenta, pero entonces moriríamos sin conocer a Jesús, y moriríamos en nuestros pecados, que es exactamente lo que el diablo quiere, que es exactamente lo que Jesús no quiere.

Por lo tanto, permite que el diablo nos envíe problemas, porque sabe que va a darle la vuelta a la mesa al diablo. La misma cosa que el diablo usa para impedirnos seguir a Cristo, es el mecanismo que Dios usa para llevarnos a Cristo. Cuando un niño se duele, va corriendo a su padre o a su madre. Y la Buena Noticia, amados, es que ustedes son sus hijos. Y qué triste sería que un niño no acudiera nunca a su madre o a su padre en busca de ayuda cuando tiene problemas. Decimos que nos gustaría que nuestros hijos no tuvieran tantos problemas. Pero el hecho es que, sí los tienen, y ¿qué pasaría so no nos enteráramos de ellos? ¿No sería eso peor?

Por eso, Jesús nos invita a acudir a él. Porque sabe que sólo somos humanos. Y que el ser humano no es capaz de resolverlo todo. El hombre está roto por el pecado, y por eso el hombre no puede librarse de los problemas, porque los problemas son síntomas del pecado. Sólo Jesús puede deshacerse del pecado porque sólo Jesús es Dios.

Por lo tanto, es bueno desesperarse de uno mismo para poner la esperanza en Jesús. O sea, esta perspectiva nos ayuda enormemente durante las dificultades. Cada dificultad es una oportunidad. Es una oportunidad para orar a Dios. Incluso Jesús oró a Dios. Marcos menciona que, al día siguiente, "muy de madrugada, cuando todavía estaba oscuro, Jesús se levantó, salió de la casa y se fue a un lugar solitario, donde se puso a orar." Pues, si Jesús lo consideró útil orar a su Padre del cielo, ¿no crees que nosotros deberíamos orar aún más?

"¡Ah, pero orar no sirve de nada!" ¿No? Pues a esta gente sí le sirvió. Le sirvió a Jesús. ¿En qué te diferencias de todos los demás seres humanos que han vivido? Escuchen. La verdad es que Dios permite que los problemas y las dificultades nos toquen porque sabe que sin ellos nos olvidamos de él. Así que los problemas son una bendición disfrazada, porque nos obligan a quitar los ojos de nosotros mismos y ponerlos en Cristo. Y entonces buscamos su ayuda, ¡y él nos ayuda! Y eso nos motiva a ayudar a los demás.

Como la suegra de Pedro. Jesús la cura y ella va inmediatamente a servir a Jesús y a sus discípulos. En otras palabras, puedo servir a los demás, aunque tenga mis propias dificultades. Puedo servirles porque también entiendo lo que significa necesitar ayuda en momentos difíciles. Puedo servirles porque entiendo que esto es precisamente lo que Dios hace por mí: me sirve. Sí, puedo servirles porque reconozco que ellos también necesitan a Jesús.

Por lo tanto, acude a Jesús durante las dificultades de la vida. Acércate a él con fe y cree que es el Hijo de Dios. Y luego espera. No te desesperes, sino espera su ayuda. Porque para eso ha venido Jesús: para ayudar a los que no pueden ayudarse a sí mismos, para perdonarles sus pecados, y para salvar a los que reconocen que no pueden salvarse a sí mismos.

¡Gloria a Jesús! Amén.