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1 Corintios 1:22-25

¿Han tenido alguna vez la inquietante sensación de ser el único cristiano en la sala? Recuerdo estar sentado en una sala de diez personas donde el tema de discusión tenía que ver con la moralidad. Fue en la escuela de idiomas donde estudiaba español en Puerto Rico, y el profesor decidió que este sería un buen tema de conversación.

Así que empezamos a discutir -en español- lo que pensábamos sobre varios temas morales y quién determina si algo es bueno o malo. Bueno, pronto se hizo evidente que mis creencias cristianas eran bastante diferentes a las de los demás. O sea, decir que era una situación incómoda es quedarse corto, especialmente cuando durante la conversación, el profesor me preguntó si pensaba que era una mala persona.

Por eso les pregunto: "Su fe en Cristo, ¿les ha causado alguna vez un momento vergonzoso?"

Porque así fue para los cristianos del siglo uno que vivían en Corinto. Imagina, si puedes, que vives en una cultura en la que la mayoría de las personas con las que te relacionas piensan que el mensaje cristiano es lo más tonto que han oído nunca. No es que les desagrades personalmente, pero cuando se enteran de tus creencias cristianas, se rascan la cabeza y se preguntan sinceramente: "¿Cómo es posible que alguien crea en eso? No tiene sentido". Algunos de ellos incluso se enfadan porque hay gente como tú en el mundo que lo cree. Les molesta que un gran número de personas en el país se sientan atraídas por el mensaje.

Así pues, hay una serie de emociones presentes en este texto con las que podemos identificarnos: vergüenza, enfado, resentimiento, ofensa... ya ven que el puente que nos une con nuestros homólogos del siglo uno es más corto de lo que solemos pensar.

Tomemos, por ejemplo, el entorno cultural de la Corinto del siglo uno. Corinto, como quizás ya sepan, era el equivalente a cualquier gran área metropolitana de hoy en día. Había comercio, y por eso había codicia. Había un crisol de culturas y sistemas de creencias, y había mucha promiscuidad sexual. De hecho, el propio nombre "corintio" se había convertido en jerga dentro del mundo grecorromano para una persona sexualmente inmoral; tal era la reputación de la ciudad en su época.

¿Creen ustedes que el ayuntamiento de Corinto tenía que luchar con cuestiones civiles y morales como los ayuntamientos hoy en día? ¿Creen que los propios ciudadanos sufrían el vacío emocional y la falta de propósito que una visión atea del mundo crea inevitablemente?

Para el judío de aquella época la respuesta para la inmoralidad de Corinto se encontraba en el Mesías prometido. "Y eso es bueno", dices tú. Bueno, sí y no. Era bueno porque la respuesta sí se encuentra en el Mesías prometido; era malo porque los judíos no aceptaron a Jesucristo como el Mesías prometido. Como dice San Pablo, Cristo era un "tropiezo" para ellos. En otras palabras, no podían hacerse a la idea de que el Mesías que Dios había enviado para redimirlos acabara muriendo en una cruz. Los judíos veían debilidad en la cruz. Los judíos siguen viendo debilidad en la cruz. No había símbolo más vergonzoso en todo el Imperio Romano que la cruz.

Pónganse en el lugar de un judío del Antiguo Testamento. ¿No fue su mayor historia de salvación la de ser rescatados de Egipto? ¿Cómo los salvó Dios entonces? A través del poder. A través de milagros. Y así fue a lo largo del Antiguo Testamento. Moisés era poderoso. Elías era poderoso. El Rey David era un hombre poderoso, ¿pero Jesús? Jesús murió. "Dios no puede morir", decía el judío piadoso. Además, la cruz... eso era para la gente mala. El Mesías no puede ser una mala persona. ¡El Mesías gozará del favor de Dios!

¿Qué estaba mal en su pensamiento? ¿Por qué el judío común tenía un entendimiento tan erróneo de quién iba a ser el Mesías? Quiero que escuchen esto con atención: la respuesta es porque tenían un malentendido previo de lo que realmente es la salvación.

O sea, los judíos veían la Tierra Prometida sólo en términos terrenales. Era la libertad de sus opresores. Era la libertad de vivir como quisieran. Y lo que uno necesita para lidiar con la opresión es poder, no la debilidad. Se nota que la salvación en sus mentes no tenía nada que ver con el pecado de uno. Pero la realidad era que Dios nunca había pretendido que el país físico de Israel fuera la verdadera Tierra Prometida. Israel era simplemente una imagen de la verdadera Tierra Prometida que sólo se puede encontrar en el cielo. Pero, como pueden ver, si uno está bajo la noción de que la buena vida se encuentra en el aquí y ahora, entonces cualquier salvación que esté buscando también tendrá que estar ligada al aquí y ahora.

Los griegos tenían el mismo malentendido, aunque por razones diferentes. Tampoco entendían la salvación en términos de salvación del pecado. "Ese no era el problema", decían los griegos. "El problema es que no entendemos lo suficiente el funcionamiento del mundo. Ese es el problema. Si pudiéramos entender más sobre el cuerpo humano, la mente humana, las leyes de la naturaleza -la ciencia-, entonces podríamos corregir todos los errores de la sociedad y tener la buena vida ahora, no después. No en el cielo, en la tierra.

Pregúntate si la vida en este mundo va a mejorar y ser finalmente buena. ¿Y cuál es, precisamente, la definición de la palabra “bueno”?

Para los judíos era ser una nación fuerte e independiente, que podía conquistar en lugar de ser conquistada. Para los griegos era el desbloqueo de la sabiduría y el entendimiento humanos que podían resolver los males de la época. Pero entonces llegó el mensaje cristiano que decía: "Bueno, en realidad, nada de eso funcionará, y la razón por la que no funcionará es porque tu definición de la palabra “bueno” es fundamentalmente errónea. Este mundo actual nunca puede ser bueno". ¿Ya ven? Esa es la enseñanza de la Biblia. Este mundo es y siempre será fundamentalmente defectuoso, no importa cuánta comprensión o poder pueda tener una nación.

Ahora bien, Cristo vino a este mundo y durante tres años anduvo diciendo públicamente: "El problema no es esto o aquello, el problema es el pecado". En realidad, lo hizo de una manera más directa que eso. Fue por ahí proclamando: "El problema no es esto o aquello, el problema es el pecado; y eso significa que el problema de este mundo eres tú, porque tienes pecado y eres tú el que peca".
O sea, ¿Puedes ver por qué el mensaje cristiano no era popular en la Corinto del primer siglo? ¿Puedes entender por qué no es popular hoy en día? El mensaje cristiano dice que el problema de este mundo es el pecado. Y luego dice: "Todos nosotros tenemos pecado. Todos nosotros hacemos el pecado, y, por lo tanto, el problema con este mundo somos tú y yo".

Y así, el mensaje cristiano básicamente decía tanto a los judíos como a los griegos de la época de Pablo: "Están luchando las batallas equivocadas". Y el mensaje de la cruz sigue diciendo lo mismo hoy: "¡Están peleando las batallas equivocadas! Digo, están luchando, pero no es ahí donde está el enemigo. Está aquí. ¡Está en la cruz! Es el pecado. ¡Es la muerte! "¡Porque la paga del pecado es la muerte!"

Eso es lo que está mal en la vida aquí en la tierra, y lo que tenemos que entender es que mientras haya pecado la vida siempre estará mal aquí en la tierra. Así que tenemos que lidiar con el pecado. Y eso es lo que hace el mensaje de la cruz. Toma un Cordero perfecto y lo coloca en el altar de la cruz, y como sustituto, el Cordero quita el pecado del mundo" (Juan 1:29). Y eso no es una tontería. Más bien, es una Buena Noticia.

Pero sólo es una Buena Noticia para el que la cree. Esa es la clave. Si tu forma de pensar es que la buena vida se puede obtener ahora, entonces el mensaje de la cruz siempre será aburrido. Entonces el mensaje del poder, del éxito y del prestigio siempre será más atractivo, siempre será más emocionante. Y si tu pensamiento, aunque sea de forma subconsciente, tiende a minimizar la realidad y la gravedad del pecado, entonces el mensaje de que el ser humano es la respuesta a todos los problemas de la vida sonará bastante bien, y empezaremos a preguntarnos: "¿Será que sólo necesitamos saber más? ¿Es cierto que la educación es la respuesta a los problemas de este mundo?"

Bueno, ese es un buen tema de discusión. Pero, no es la razón por la que Cristo vino. Cristo no vino para educar, sino para tomar el lugar del pacador ante Dios. Para redimir al mundo de su pecado. Y viene una segunda vez a acabar con este mundo de pecado. Es cierto. Viene a crear un nuevo cielo y una nueva tierra, pero si tu visión del mundo no lo permite, ¿qué otra opción tienes que pensar que este mundo es lo mejor que hay?

¿Y si hay algo mejor? ¿Y si realmente hay algo más allá de lo que podemos ver con nuestros propios ojos y entender con nuestras mentes mortales? ¿Y si realmente hay un cielo y ese cielo está más allá de lo que somos capaces de comprender plenamente porque es un lugar libre de pecado? Bueno, entonces renunciar a esta vida por la siguiente no sería tan insensato, ¿verdad? Entonces morir en esta vida no estaría tan triste debido a la resurrección a la vida eterna.

Ahora bien, aquí está la cosa: Ustedes saben eso, y ustedes creen eso, y entonces no es tonto para ustedes. Creen que el mensaje de la cruz es el mensaje del Mesías muriendo en tu lugar, porque la única manera de ocuparse del problema del pecado es a través del derramamiento de sangre. ¿Cómo es que saben y creen eso? Les llegó a través de la predicación de Cristo crucificado. ¿No es eso lo que Pablo está diciendo en estos versículos? No es una tontería lo que creen. No es una tontería porque es verdad. "Bueno", dice alguien, "¿cómo es que yo puedo ver que es verdad y otras personas no?". "Oh", dice el apóstol Pablo, "bueno, eso es porque no viene a través de la sabiduría humana o la lógica humana. En otras palabras, no viene a través de palabras humanas. Viene a través de las palabras de Dios, y por eso sólo puede venir a través de la predicación de la cruz."
[Leer los vv. 21-24].

Que Dios te haga sentir orgulloso de este Cristo mientras esperas al pie de su cruz. Amén.